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Publié : 29 mai 2015

1er prix au concours académique "Jeunes auteurs pour l’Europe"


Texte rédigé par Lucie Aubard et Alysée Daubord, élèves de 3eD.


La contrainte était de compléter l’amorce (texte en italique) :


 


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Esto era una madre que tenía tres hijas costureras Pero la costura estaba muy mal y no ganaban ni para comer. No tenían ya ni una peseta, y hasta las habían desahuciado de la casa donde vivían.
Entonces dijeron :


 


 -En este pueblo no tenemos nada que hacer. Vámonos a Algodonales. Algodonales es un pueblo muy bueno y allí siempre hay trabajo.
 Así fue. Llegaron al pueblo y no encontraban habitación ni tenían dinero. Entonces, un señor que tenía una taberna les dice :
 -Pues miren ustedes, aquí hay una casa que las malas lenguas dicen que está encantada y nadie quiere ir a ella. Se murieron los dueños y ya han sido tres o cuatro, pero no sé qué pasa, que nadie quiere vivir en esa casa. Si ustedes fuesen capaces de no tener miedo...


 


Al día siguiente se mudaron y se instalaron con la ayuda del tabernero. La morada fue construida en el siglo XVI, era grande pero estrecha, lo que la hacía angustiosa. Las tres chicas que tenían once, trece y catorce años, diferentes unas de otras escogieron y decoraron sus cuartos según su personalidad. Aguja, la hija mayor, que tenía un coeficiente intelectual superior al de sus hermanas, colocó sus centenas de libros. Lana, la del medio que no podía salir sin ser peinarse ni maquillarse, arregló sus productos de belleza e instaló su ropero. En cuanto a Hila, la hija menor que era muy ágil con sus manos, dispuso sus creaciones de costura.



Cuando se fue el tabernero, las tres chicas decidieron ir fuera y explorar el fondo del jardín. Hila adelantó a sus hermanas y llegó la primera al banco pero cuando se dio la vuelta para ver donde estaban sus hermanas, no las encontró. Buscó detrás de ella y descubrió a Lana caída en el suelo cubierta de lodo. Como primera reacción, Hila se echó a reír pero se paró cuanto vio a su otra hermana que tenía una cara descolorida y que miraba hacia abajo. Siguió su mirada y descubrió un hueso humano. Atemorizada, levantaron a Lana y echaron a correr a toda velocidad en dirección de la casa. Tan pronto como sobrepasaron el umbral de la puerta, subieron inmediatamente y rápidamente al cuarto de la mayor donde había documentos de la casa.



Durante toda la tarde, hojearon los papeles y encontraron que la primera propietaria de la morada que se llamaba María Dolores había desaparecido a causa de un derrumbamiento de tejas del tejado. Después de estos descubrimientos, su madre las llamó para cenar. El vientre lleno, Hila y Lana se acostaron y se durmieron mientras que Aguja se quedó despierta para elucidar este misterio. Durante la noche descubrió que el cuerpo de María jamás había sido encontrado por la policía. Fue en este momento cuando Aguja lo relacionó con el hueso encontrado por la mañana misma en el fondo del jardín. Mientras que comenzaba a dormirse sobre su libro, los postigos resonaron, la ventana se abrió y todas sus hojas volaron. Se despertó y asustada se refugió en el cuarto de su hermana menor y se quedó allí el resto de la noche. Amaneció. Aguja contó a sus dos hermanitas lo que había pasado durante la noche.



Una vez acabado su relato, las tres chicas decidieron regresar al fondo del jardín donde habían encontrado el hueso. Provistas de una pala, desenterraron el cuerpo. En cuanto el cadáver estuvo fuera de tierra una borrasca de viento proyectó a las tres hermanas a más de cinco metros. Un poco aturdidas, se levantaron y volvieron más prudentemente hacia el hoyo donde habían hallado el cadáver. Pero cuando las tres hermanas llegaron al nivel de la vieja propietaria, ya no estaba allí. Se vieron chocadas y una luz de miedo pasó por los ojos de cada una de las chicas. Pero de repente Hila se echó a correr hacia el bosque, sus dos hermanas mayores la siguieron intrigadas. Hila acababa de percibir una luz blanca en el corazón del bosque. Una vez llegadas a la altura de su hermana, descubrieron el cuerpo de la mujer tumbado de espalda.



Prudentemente levantaron el cuerpo y la transportaron en el medio del jardín. Según lo que había descubierto Aguja en los documentos , después de Anciano, el marido de la vieja muerta dos años antes, ningún nuevo propietario se había quedado más de dos meses en la casa pero nadie sabía por qué. Pues una solución se les ocurrió. Aguja se acordaba de una leyenda que hablaba de un fantasma que había sido quemado pero que estaría en paz sólo después de haber sido recubierto con la sábana blanca que significaba la pureza. Había que quemar el cuerpo de la vieja para que su alma y su espíritu murieran. La hermana del medio fue a por madera y con la ayuda de Aguja prepararon la hoguera.



Hila encendió el fuego y las otras dos echaron a la vieja dentro. Esperaron una decena de minutos y volvieron a su casa. Las tres hermanas se dirigieron hacia el cuarto de la benjamina. Dentro ya había una veintena de personas.



Eran todos los antiguos propietarios de la casa de los dos años precedentes. Cada familia contó su historia. Todos ellos contaron la misma aventura : ellos habían sido propietarios y el último día de cada dos meses se encontraban encerrados en el cuadro con el retrato de Anciano.



Luego su madre las llamó para cenar, pero como estaban cautivadas por la historia ellas no respondieron. Entonces su genitora gritó más todavía y de repente las tres hermanas se encontraron cada una en su cama con su madre a su cabecera.
Todo esto no fue más que un sueño.

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